martes 6 de julio de 2010

VLADIVOSTOK

Aldo Maffei, te mando al frente. Desde este medio, con estas palabras, fuiste el culpable de contagiarme el virus de la música, o mejor dicho de hacer que el que ya tenía, se me expandiera al mil por ciento.
Este tipo fue el culpable de que mi discoteca creciera y se multiplicaran los vinilos en mi colección, por un extraño arreglo comercial entre él y yo, por aquél entonces un
teen de trece añitos.

Una tarde del incipiente verano de 1976, cual tras él llegarían largos tiempos tormentosos en la historia argentina, un veinteañero con pelo a lo Art Garfunkel, le insiste a mi padre que le alquilara el local desocupado que había al costado derecho de mi casa, en Marconi 69, El Palomar. Y mi viejo, que no, que no me interesa.
No sé cuándo pasó pero al rato estábamos el tío este, mi viejo y yo, sentados en el living de mi casa y unas horas después, mi padre alquilándole el local.
Bastaron unas pocas semanas para que se abriera, allí mismo, la segunda disquería con que contaría el barrio, ya que muchas otras ya habían fenecido y sólo quedaba la de la galería de
El Palomar, que le llamábamos "la compe".

Yo, que ya me las daba de creativo, le había diseñado un loguito con la marca: "Orange" y la naranjita con hoja en el cabo, (muy Apple Records), acorde. 


Cuando Aldo la vio, se cagó de risa y me dijo, no, pibe, yo ya tengo el nombre: "Vladivostok..." y me explicó que le parecía mejor que orange, porque nadie diría oransh, sino tal como se leía y que le sonaba a "Horangel", asunto zanjado. 
Días después se apareció con un sello de goma enorme con el nombre en mayúsculas: VLADIVOSTOK y abajo la dirección, que estampábamos sin piedad en las contratapas de los vinilos y en la galleta de los simples que salían de esa disquería, sólo se salvaban las plastificadas, a ésas le ponía el sello en los sobres internos, que en esa época (ya de austeridad) comenzaron a ser simplemente de papel blanco reemplazando a los sobres ilustrados y que incluían las letras de las canciones de las ediciones en los primeros años setenta.
Una vez que terminó ese verano, Aldo, que también trabajaba en General Motors, por un conflicto de horarios entre sus dos ocupaciones, me ofrece que le atienda la disquería por las tardes, como yo estaba libre en ese momento y que si bien, en principio no me podría dar un sueldo, a cambio yo tenía acceso a cualquier disco que quisiese, e incluso podía incluirlos en los pedidos de discos si quería algo que no estuviera en el catálogo.
 

A mis thirtheen, todo eso me fascinó y acepté. 
Cada semana tenía cinco o diez discos más en mi discoteca, eso duró casi un año. 
Así fue que adquirí Presence, ni bien salió, Houses of the Holly, (también de Led Zeppelin), Yessongs, Close to the Edge de Yes, Burn!, Machine Head, Made In Japan de Deep Purple, The Dark side of The Moon, Wish You Were Here de Pink Floyd y muchísimos más: varios de esos ejemplares los conservo en Buenos Aires, otros volaron en épocas de crisis en el Parque Rivadavia, allí fueron a parar muchas de esas joyas que aún hoy añoro.
En la disquería recién inaugurada me encargaba, además de la atención al público, de los pedidos de discos, algo que era muy común por aquel entonces, que el disquero te sugiriera encargar tal o cual disco que no tuviera en ese momento y traerlo al día siguiente. Método que funcionaba muy bien y que casi todos aceptaban, dejaban una seña y al otro día con el disco en la tienda, terminaban de pagar.
Para ser una disquería de barrio tuvimos días de excelentes ventas:
Vendimos para el día de la madre de 1976 unos quinientos ejemplares de
"El Amor" de Julio Iglesias en un fin de semana y otros tantos o más de su disco siguiente, "América". Housekeepers bonaerenses al borde de un ataque de nervios, aplacándose con el crooner español.
 

Trabajábamos con el Centro Cultural del Disco, con Babush, de Santos Lugares y con otra distribuidora de Caseros, que no recuerdo el nombre. Hacíamos los pedidos por teléfono, y al rato venían con una caja de corrugado y los simples y LPs según una lista que les habíamos dictado. 
El del Centro Cultural, venía en un falcon azul impecable como el tipo, que siempre vestía de traje, con el pelo corto, engominado y tenía alguna anécdota que contar, con una mina distinta cada vez.   
Pocas veces me tocó ir a buscar discos a los distribuidores porque casi siempre los traían ellos, aunque en días de mucha venta se congestionaban y finalmente me tenía que ir al centro o a Santos Lugares y regresaba con mi paquete de discos en el tren San Martín que paraba a unos pocos metros de casa.
 

Llegó el verano del '77 y Aldo volvió a hacerse cargo de las tardes en Vladivostok, - la disquería que tenía una columna de cuatro wooffers que se escuchaba hasta la estación - (a 50 mts. de allí) y yo la fui dejando paulatinamente, porque empezaba la escuela secundaria y tendría las tardes ocupadas. 
Al tiempo a Aldo lo echan de General Motors y se dedica por entero a la disquería, y un año después se la vende a un corredor de seguros, que finalmente la reconvertiría en una gestoría.
 

Nunca más supe de la vida de Aldo Miguel Maffei, que con una labia excepcional convenció a mi viejo a que volviera a alquilar el local, otrora trastero de la casa. A partir de ese momento, nunca más quedó vacío, hasta los días finales de la casa de Marconi (hoy Banco Piano) ese local estuvo alquilado.


Así que ya sabés Aldo, hacete cargo porque esto no tiene fin, aunque le pongan el formato que le pongan y aunque deploro la digitalización del sonido como única opción, aún sigo enganchado a las grabaciones, son como una adicción, y en esto se me ha ido con el tiempo, mucha guita.
Ahora comprendo Aldo, de qué iba ese negocio macabro de darme los discos en lugar de la pasta para que pudiera yo hacer lo que quisiera con ella, me ataste a la dictadura del sonido grabado, porque durante los '90 me compré infinidad de cds (soporte que odié siempre) y que llevo una década comprimiendo esas mismas grabaciones para tenerlas juntas en un solo lugar. ¿Además de GM, trabajabas también para SADAIC? (La SGAE argentina). 
Bromas aparte, guardo un grato recuerdo de este tío, que sin quererlo, puso un hermoso matiz en mi adolescencia, en un año terrible para Argentina, viviendo en un barrio del Gran Buenos Aires, donde en un perímetro de mil metros, había tres unidades militares con barrio incluido, qué miedo daba.

3 comentarios:

roberto dijo...

COMO SI FUERA HOY... RECUERDO ESOS DÌAS....

seba cabrera dijo...

la verdad marce,es como ser charlie y conocer a willy wonka.tal vez vos hayas sido charlie y maffei wonka.no se si me estaré poniendo viejo pero extraño aquel viejo ritual de desenvolver el disco y mirarle hasta el ultimo detalle,su brillo a tornasol.los primero que enrede con mi hermano fueron:help,pendulum,bee gees y emerson lake and palmer,yo con 12 recién cumplido y mi hermano con 3 menos que yo...no casábamos una pero nos broto el rock juvenil!de ahí empezamos a armar una banda que con los años seria una especie de "redonditos marplatenses"con todos sus bardo de seguidores y todo eso.que impacto cultural tenia el vinilo!!!estaba hecho para abajo del brazo muy cerca del corazón donde quedaron todas estas anécdotas.

doris dijo...

ALDO POR FAVOR COMUNICATE CON DORIS OJEDA SE TRATA DE HABLAR DE TU HIJA MICHELLE